
Cuando el método se pone en común
La validación colectiva del mapeo cultural en Comas
El miércoles 21 de enero, organizaciones culturales, comunitarias y artísticas de Comas se reunieron para revisar colectivamente la metodología del mapeo cultural que se desarrollará en las próximas semanas. No fue una sesión informativa ni una presentación cerrada. Fue un espacio de trabajo donde el método se puso en discusión, se ajustó y se transformó a partir de las experiencias y saberes de quienes sostienen la vida cultural del distrito.
La validación metodológica marcó un momento clave del proceso: el paso de una propuesta inicial a una herramienta construida en común, capaz de dialogar con la diversidad de prácticas, lenguajes y formas de organización que conviven en el territorio.
Un espacio para revisar, cuestionar y ajustar
Desde el inicio, se explicitó que la metodología no estaba terminada. Las organizaciones fueron invitadas a tachar, corregir, agregar y proponer, reconociendo que ningún diseño técnico puede anticipar por completo la complejidad del territorio.
En la conversación aparecieron preguntas concretas:
¿Las categorías propuestas permiten nombrar lo que realmente ocurre en los barrios?
¿El lenguaje es accesible para quienes participan por primera vez?
¿Qué prácticas quedan fuera cuando usamos definiciones demasiado cerradas de “lo cultural”?
La sesión permitió identificar ajustes necesarios en las fichas de mapeo, en la forma de formular las preguntas y en los ejemplos utilizados. No se trató de “mejorar” el instrumento desde una lógica experta, sino de alinearlo con los modos locales de comprender, narrar y practicar la cultura.
Decidir juntos también implica poner límites
Uno de los momentos más relevantes de la validación fue la conversación sobre los límites éticos del mapeo. Las organizaciones coincidieron en que no todo puede incorporarse sin discusión previa.
Se acordó que el mapa no incluirá prácticas o espacios que promuevan violencia, discriminación o vulneración de derechos fundamentales. Este acuerdo no se impuso desde fuera ni se resolvió por mayoría simple, sino que se construyó como un piso ético compartido para sostener la convivencia en un territorio diverso.
Sostener el diálogo no implica neutralidad absoluta. Implica reconocer diferencias, pero también cuidar las condiciones mínimas que hacen posible el encuentro entre grupos distintos.
Aprender haciendo: capacidades que se fortalecen en el proceso
La validación no solo produjo cambios metodológicos. También fue un espacio de aprendizaje mutuo. Organizaciones con trayectorias distintas compartieron formas de convocar, de registrar información, de leer el territorio y de trabajar con vecinos y vecinas.
En ese intercambio se activaron capacidades clave:
- traducir entre lenguajes técnicos y cotidianos,
- leer tensiones culturales sin simplificarlas,
- tomar decisiones colectivas en contextos de desacuerdo,
- reconocer el valor del conocimiento situado que cada actor aporta.
Estas capacidades no quedan contenidas en el documento metodológico. Circulan entre las organizaciones y fortalecen el ecosistema cultural del distrito más allá del mapa.
Ver el territorio como un sistema vivo
Otro acuerdo importante fue entender el mapa no como un inventario aislado, sino como una representación de relaciones: entre espacios consolidados y colectivos emergentes, entre prácticas culturales y dinámicas barriales, entre memorias locales y narrativas externas sobre Comas.
Mirar el territorio como un sistema permite reconocer interdependencias, tensiones y vacíos sin reducirlos a diagnósticos de carencia. El mapa, así, no ordena la cultura desde afuera, sino que hace visible cómo funciona realmente en el día a día.
Lo que deja la revisión metodológica
La sesión del 21 de enero cerró con una certeza compartida: el método ya no pertenece a una sola organización. Es una herramienta colectiva, atravesada por acuerdos, desacuerdos y decisiones tomadas en común.
El mapeo que viene no será solo una actividad participativa. Será el resultado de un proceso donde se redistribuyó el poder de enunciación, se habilitaron espacios de diálogo franco y se ensayaron formas concretas de convivencia intercultural.
El mapa circulará, se usará y se consultará. Pero lo que ya está en marcha —vínculos activados, aprendizajes compartidos y nuevas formas de tomar decisiones entre diferencias— seguirá influyendo en cómo las organizaciones de Comas se encuentran, colaboran y se representan en el futuro.




