Antes del mapa: los encuentros que abren el proceso

Entre enero y febrero de 2026, vecinas, vecinos y organizaciones de Comas construirán colectivamente un mapa cultural del distrito.
No se trata solo de un registro de espacios y prácticas, sino de una herramienta pública que busca visibilizar aquello que sostiene la vida cultural del territorio y que rara vez aparece en los registros oficiales.

El mapa será de libre acceso y circulación. Sin embargo, antes de los mapeos abiertos con vecinos, el proceso ya comenzó en otro lugar: en una serie de encuentros entre organizaciones culturales, comunitarias y artísticas que son clave en el tejido cultural de Comas.

Aquí compartimos el relato de ese proceso inicial. No como antesala técnica del mapa, sino como parte central del proyecto para abrir preguntas compartidas sobre cómo representar el territorio , cómo nombrarlo, desde dónde hacerlo. Estos encuentros constituyen una parte central del proceso: el espacio donde se empiezan a tejer los vínculos, los acuerdos y las preguntas que harán posible la cartografía.

Si quieres participar en los mapeos abiertos, más abajo encontrarás fechas y lugares.

Articular con lo que ya existe

Comas tiene un ecosistema cultural activo e intenso: espacios escénicos, colectivos emergentes, organizaciones comunitarias, bibliotecas de barrio, artistas que sostienen prácticas desde hace años. El mapeo no parte de cero. Parte de reconocer eso que ya está.

Durante diciembre se sostuvieron conversaciones con catorce organizaciones y agentes culturales:

  • Espacios escénicos: Luna Sol, Sol de Medianoche, Haciendo Pueblo
  • Colectivos emergentes: Ocho Nortes, Voces Hip Hop
  • Organizaciones comunitarias: Cultura Conera, Red Interquorum, Urpicha
  • Espacios de memoria: Biblioteca Fitekantropus, Anonyma Librería
  • Organizaciones de género: Colectivas Feministas Lima Norte, Mesa de Concertación de Género, Demus Lima Norte
  • Artistas individuales: Giovanni Murga, Gloria Alvítres, Andrés Nolasco

En varias de estas conversaciones apareció algo compartido. José, de Cultura Conera, lo expresó así:

“Pusimos el mapa y dijimos: ¿dónde está la oferta cultural? ¿Dónde hay menos? Justo en los barrios donde vivimos.”

Para que estos encuentros tuvieran sentido, fue importante que ninguna organización hablara desde arriba de otra, que todas participaran como pares y que el proceso se sostuviera sobre acuerdos éticos compartidos.

No definimos, abrimos preguntas

Los encuentros de diciembre no cerraron respuestas. Abrieron preguntas. Algunas de esas preguntas ahora orientan cómo se diseñará el mapeo.

¿Qué merece estar en el mapa?

Janet, de Luna Sol, planteó algo que resonó en varias conversaciones:

“¿Las actividades religiosas también las están considerando? Hay organizaciones de vecinos a partir de las cruces, celebraciones que vienen de tradiciones de los pueblos.”

Esta pregunta amplió la mirada inicial. Las prácticas religiosas-tradicionales también son culturales cuando estructuran la vida comunitaria y sostienen memorias territoriales. Incorporar las Cruces de Mayo o las fiestas patronales no es solo “añadir una categoría más”: es reconocer que distintas comunidades entienden lo cultural de maneras diferentes, y que el mapa debe poder contener esa diversidad sin jerarquizarla.

¿Cómo hablamos de lo cultural sin alejar a la gente?

José, de Cultura Conera, advirtió sobre el las etiquetas “culturales”:

“El vecino de a pie la practica, la realiza, pero de repente no le pone el nombre.”

El lenguaje técnico del sector cultural puede alejar.

¿Hay límites en el diálogo?

Janet también planteó una tensión necesaria:

“No se puede ir contra los derechos humanos. Eso no se decide por mayoría.”

¿Todo lo que se proponga debe incluirse? ¿Hay límites que no se negocian? Esta pregunta es incómoda pero necesaria. El mapeo no busca consenso neutral donde “todo vale”. El acuerdo que se construyó es claro: el mapa no incluirá espacios que promuevan violencia, discriminación o vulneración de derechos fundamentales, incluso si fueran propuestos mayoritariamente por participantes. La cohesión social no se construye desde la eliminación de diferencias, pero sí requiere reconocimiento mutuo de dignidades.

¿Para qué sirve tener un mapa?

Aída, de Ocho Nortes:

“Nos va a permitir tener archivo de Comas. Eso es algo que creemos importante.”

Alan, de Biblioteca Fitekantropus:

“Muchas personas no participan porque no conocen lo que ya existe.”

Construir archivo propio. Saber qué existe. Democratizar información sobre la vida cultural del distrito. El mapa es una herramienta práctica, pero también una forma de disputar narrativas dominantes sobre qué es cultura y dónde ocurre. Cuando Comas aparece en medios o estudios, suele ser desde el déficit: lo que falta, lo que no hay. Este mapa invierte la mirada: muestra lo que sí existe, lo que se sostiene, lo que resiste.

Néstor amplió la mirada:

“¿Y las organizaciones deportivas, las religiosas? Eso también reúne gente, reúne lugares.”

En la validación se discutirá cómo incorporar esta diversidad sin forzarla a encajar en categorías que no le quedan.

Una construcción colectiva

Las organizaciones que participan no lo hacen como individuos sueltos. Johanna, de Red Interquorum, lo recordó:

“Yo soy vocera, pero tengo una junta directiva. Es importante poder explicarlo bien.”

El proceso se organiza desde la mediación, la traducción de lenguajes, la escucha activa y la capacidad de leer contextos distintos, cuidando espacios donde diferentes formas de trabajar puedan encontrarse.

Janet, de Luna Sol, fue honesta sobre tiempos:

“Me interesa sumarme, pero también necesito ir a mi ritmo.”

Respetar esos ritmos es parte de cómo se entiende el trabajo conjunto. No todas pueden participar en todo. Y eso está bien.

Sostener las diferencias en un mismo territorio

Estos encuentros no son “preparación” para el mapa. Son parte de cómo se construye el territorio cuando se decide nombrarlo en común.

Cuando organizaciones distintas se encuentran para discutir cómo quieren ser representadas, no solo se intercambia información: se ensayan formas de convivencia, de reconocimiento y de desacuerdo sin exclusión. Cambia la manera en que los grupos se miran entre sí y se amplían las conversaciones posibles dentro y fuera del distrito.

El mapa será una herramienta que se usará, se consultará y circulará.

Pero lo que queda instalado va más allá: vínculos activados, acuerdos compartidos y capacidades colectivas para dialogar y tomar decisiones en contextos diversos. Eso también es parte del proceso.

Como dijo Aída:

“Va a salir todo bien acá en Comas. La gente participa bastante.”

El mapa no viene a descubrir nada que no existiera. Crea condiciones para que múltiples Comas puedan coexistir en un mismo plano, reconocerse y hacerse visibles sin que una sola mirada se imponga sobre las demás.

Este momento inicial no agota el proceso. La cartografía se construye paso a paso, sabiendo que no busca representar todo ni fijar una versión única del territorio, sino abrir un espacio común donde distintas prácticas, memorias y formas de habitar puedan encontrarse y seguir conversando.

Lo que viene: revisión metodológica colectiva

El 21 de enero todas estas organizaciones se reunirán para revisar colectivamente la propuesta de metodología que viene desarrollando Nodos Culturales y que se usará en los mapeos de fin de mes.

No será una presentación donde se pida aprobación. Como se planteó en diciembre:

“Pueden ir a tacharnos, a hacer comentarios, pueden agregar cosas, pueden decirnos “está bien, pero les ha faltado considerar que también existe este otro lado, o que existe tal cosa, o ajusten esto.”. Todo es válido en la construcción colectiva.

Cada organización podrá cuestionar, ajustar o proponer desde su experiencia en el territorio.

Esta sesión es un espacio valiente, no solo seguro. Todas las voces tendrán el mismo peso, pero también se esperan disensos. Habrá desacuerdos sobre qué categorías usar, qué lenguaje es más accesible, cómo representar prácticas que no encajan en formatos tradicionales. Esos desacuerdos son parte del proceso, no obstáculos a resolver rápidamente.

La sesión también permite comprender el ecosistema cultural de Comas como un sistema complejo: cómo se relacionan espacios consolidados con colectivos emergentes, qué tensiones atraviesan al distrito (generacionales, de clase, de capital cultural), qué narrativas circulan y cuáles están silenciadas. Entender estas dinámicas antes de mapear es lo que permite que el mapa no sea un simple inventario, sino una representación de cómo funciona realmente la cultura en el territorio.

El mapa será una herramienta que circulará y se usará. Pero lo que se va construyendo en paralelo —vínculos, acuerdos compartidos, formas de dialogar entre diferencias— no depende del objeto final. Son aprendizajes colectivos que se ponen en práctica ahora y que seguirán influyendo en cómo estas organizaciones se encuentran y toman decisiones en el futuro.

Published On: 21 de enero de 2026 / Categories: Mapeo Comas / Tags: /