
Alejandra Zúñiga
Economista y analista cultural
El trabajo cultural en las estadísticas nacionales
Desafíos y propuestas para la consolidación de sistemas de información para la política cultural
El trabajo cultural en el Perú sigue siendo, en gran medida, invisible en las estadísticas oficiales. Esta invisibilidad no es menor: limita la capacidad del Estado para diseñar políticas públicas, asignar recursos y garantizar el acceso a la cultura para todos.
Una condición indispensable para revertir esta situación es contar con información sistemática sobre los agentes que producen cultura. Sin embargo, el país aún enfrenta importantes vacíos en la identificación y caracterización de los trabajadores culturales. Esta limitación se hizo especialmente evidente durante la pandemia de COVID-19, cuando los Estados tuvieron dificultades para reconocer a estos trabajadores, sus espacios y sus necesidades (CEPAL, 2021). A pesar de ello, implementaron apoyos de emergencia y estudios exploratorios que evidenciaron tanto la importancia del sector como sus vacíos de información (Triguboff et al., 2021).
En este contexto, varios países de América Latina impulsaron registros de trabajadores culturales como una respuesta inicial a esta brecha. Estas iniciativas parten de una característica estructural del sector: su alta intermitencia, el multiempleo y la informalidad. Actividades como la artesanía, el circo o la gastronomía basada en conocimientos tradicionales no se identifican fácilmente en las estadísticas oficiales, que suelen capturar empleo formal y agregarlas en otras categorías (ej. “entretenimiento y deporte”). Como resultado, una parte importante del trabajo cultural queda parcial o totalmente invisibilizada.
Este artículo analiza los principales desafíos para medir el trabajo cultural en el Perú y propone líneas de acción para fortalecer los sistemas de información cultural. El argumento central es que el problema no es únicamente la falta de datos, sino la forma en que el sector cultural es definido, identificado y medido en los sistemas estadísticos.
1. ¿Quién es un trabajador cultural en las estadísticas nacionales?
Definir quién es un trabajador cultural es el primer desafío para construir estadísticas del sector. El Perú es profundamente diverso: se hablan 47 lenguas indígenas y el 25.7% de la población se autoidentifica como parte de un pueblo indígena u originario (Censo 2017). Esta diversidad no es solo demográfica, sino también implica múltiples formas de producción cultural, transmisión de conocimientos y organización del trabajo.
En este contexto, definir el trabajo cultural no es un ejercicio neutral ni puramente técnico. Es también una decisión política, en tanto delimita qué actividades son reconocidas, medidas y eventualmente apoyadas por el Estado.
El Marco de Estadísticas Culturales de la UNESCO propone una definición amplia de empleo cultural: incluye a todos quienes laboran en alguna industria cultural , y también, a quienes laboran en alguna ocupación cultural en sectores relacionados, como turismo, educación, entretenimiento, otros (UNESCO, 2009). Sin embargo, esta definición requiere ser adaptada a los contextos nacionales. En la práctica, cada país delimita el sector cultural en función de sus marcos institucionales y sus capacidades estadísticas.
Algunos países han avanzado en este proceso. Chile, por ejemplo, ha ampliado su Marco Estadístico Cultural, incorporando subdominios como: “Técnicas artesanales tradicionales”, “Tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma”, “Conocimiento y usos relacionados con la naturaleza y el universo”, “Usos sociales, rituales y actos festivos”, entre otros. Más allá de los recomendados por UNESCO, este marco reconoce que la cultura no se limita a industrias creativas, sino que incluye prácticas comunitarias y conocimientos tradicionales (Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile, 2025).
En el Perú, este proceso aún está en construcción. El país no cuenta con un marco estandarizado de cultura que permita definir con claridad los dominios y subdominios de la cultura, construir indicadores de empleo de manera sistemática y dimensionar un presupuesto acorde al universo de agentes culturales. Como resultado, las mediciones dependen de la información disponible en el momento y de cómo se clasifica en cada caso.
Esta falta de sistematización no solo limita el análisis del sector, sino que también puede afectar la asignación de recursos públicos. Al no contar con evidencia consolidada, las demandas del sector cultura tienden a presentarse de manera fragmentada, lo que dificulta su evaluación y priorización. En este contexto, la ausencia de información sobre el tamaño, las características y el impacto del sector limita su capacidad de competir por recursos frente a otros sectores que sí cuentan con sistemas de información más robustos.
Esta delimitación requiere atención y sobre todo capacidad de abordar discusiones intersectoriales. Actividades como la gastronomía, la pesca artesanal, la artesanía o enseñanza de lenguas indígenas, se encuentran bajo la competencia de distintos ministerios (como turismo, producción, educación o cultura), los cuales tendrán una definición de conceptos distintos según sus objetivos. Esto genera una alta necesidad de trabajo interinstitucional para aclarar la definición del trabajo cultural, evitar duplicidades y la exclusión de agentes culturales.
2. La cuenta satélite de la cultura: rezago y desafíos metodológicos
La falta de definición de los dominios del trabajo cultural se traduce directamente en problemas para medir el sector. Las Cuentas Satélite de Cultura (CSC) constituyen la principal herramienta para estimar y visibilizar el aporte de la cultura al empleo y al producto interno bruto (PBI), al permitir su integración dentro del sistema de cuentas nacionales. Sin embargo, su construcción requiere previamente delimitar con claridad qué actividades y ocupaciones forman parte del sector cultural, lo cual suele establecerse a través de un marco estadístico o metodológico.
En la región, varios países cuentan con estimaciones históricas, ya que desarrollan esta herramienta con periodicidad. En Colombia, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y el Ministerio de Cultura elaboran una cuenta satélite cada dos años, contando con datos desde el 2005 al 2024 . Argentina cuenta con el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SINCA) quien trabaja con el Instituto Nacional de Estadística y cuenta con datos del 2004-2024 . Chile, por su parte, cuenta con datos del 2018-2022 y está actualizando su metodología nacional .
El Perú, en cambio, presenta un rezago importante. Cuenta con una única Cuenta Satélite de Cultura (CSC), elaborada en 2017 con datos correspondientes al año 2007, lo que implica casi dos décadas sin actualización. Este ejercicio fue desarrollado por el Ministerio de Cultura y el INEI en el marco de un proyecto de la Comunidad Andina (Ministerio de Cultura del Perú et al., 2017). Posteriormente, se intentó avanzar en nuevas estimaciones; sin embargo, solo se logró un ejercicio referencial orientado a la cuantificación de actividades culturales (Ministerio de Cultura del Perú, 2020). Este desfase no solo limita la capacidad de analizar la evolución del sector, sino también de evaluar y ajustar la propia metodología del instrumento.
Esta falta de actualización implica también un problema de carácter metodológico. La CSC disponible estima que aproximadamente el 75% del empleo cultural es asalariado (Ministerio de Cultura del Perú et al., 2017, p. 269). Este resultado se basa en información proveniente de cuentas nacionales, que capturan principalmente empleo formal. En consecuencia, tiende a subrepresentar formas de trabajo cultural más extendidas en el país, como el autoempleo, el trabajo independiente o las actividades comunitarias.
En este contexto, el intento más reciente por avanzar hacia una actualización de la CSC no logró concretarse plenamente, evidenciando limitaciones estructurales que van más allá de un problema técnico puntual. El ejercicio desarrollado en 2020 se centró en la cuantificación de actividades culturales, pero no logró integrarlas de manera consistente al sistema de cuentas nacionales (Ministerio de Cultura del Perú, 2020). Esto responde, en parte, a la ausencia de un Marco Estadístico de la Cultura que delimite de manera clara los dominios y subdominios del sector, así como a la débil correspondencia entre las actividades culturales y las clasificaciones estadísticas oficiales. A ello se suman factores como la alta informalidad, la intermitencia y la fragmentación de las trayectorias laborales del sector, que dificultan su medición bajo los estándares del sistema económico.
En consecuencia, el esfuerzo no logró avanzar hacia la estimación del valor agregado ni del aporte al PBI. Este conjunto de limitaciones sugiere que la construcción de una Cuenta Satélite de Cultura actualizada no es únicamente un desafío de recolección de datos, sino un proceso que requiere, como condición de base, definir los límites del sector mediante un Marco Estadístico de la Cultura, fortalecer los sistemas de clasificación y mejorar la articulación con las estadísticas nacionales.
3. RENTOCA: avances, potencial y límites
Frente a estos límites, el Registro Nacional de Trabajadores y Organizaciones de la Cultura y las Artes (RENTOCA), implementado en 2021, representa un avance significativo. Este registro busca identificar a los trabajadores culturales y caracterizar sus condiciones laborales y socioeconómicas.
El RENTOCA organiza el sector a partir de más de 200 ocupaciones agrupadas en siete ámbitos culturales, lo que permite capturar una diversidad de ocupaciones: música, artes visuales (incluye artesanía), artes escénicas, libro y lectura, enseñanza cultural, audiovisual y cinematográfico, y lenguas indígenas (Ministerio de Cultura del Perú, 2023, 2024). Esto incluye trabajadores que suelen quedar fuera de las estadísticas tradicionales, como artistas tradicionales, trabajadores del circo o agentes culturales con actividades intermitentes. Sin embargo, aún tiene pendiente incluir a sectores del patrimonio y museos, por ejemplo.
Su principal aporte no es solo descriptivo, el RENTOCA introduce un elemento clave para la política pública: la posibilidad de conectar el sector cultural con el sistema estadístico nacional. Esto se logra a través de un proceso de homologación con clasificaciones estándar como el CIUO (Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones) y el CIIU (Clasificación Industrial Internacional Uniforme de actividades económicas), utilizadas por el INEI en encuestas como la ENAHO y en los censos nacionales (Ministerio de Cultura del Perú, 2024, pp. 95–108). Esta homologación permite que la información del registro pueda, en el futuro, integrarse con otras fuentes estadísticas.
Por ello, el RENTOCA puede funcionar como una “llave” de conexión. Sin esta articulación, la información del sector cultural permanece aislada y no puede traducirse en indicadores comparables, periódicos y representativos. No obstante, este proceso aún enfrenta desafíos. Las categorías del RENTOCA requieren revisión y validación técnica para integrarse plenamente en un marco estadístico cultural. Además, cabe resaltar que al tratarse de un registro voluntario, presenta sesgos de autoselección. Por ejemplo, ciertos grupos -como población rural o adultos mayores- pueden estar subrepresentados debido a barreras de acceso o conectividad (Ministerio de Cultura del Perú, 2023, 2024).
A pesar de estas limitaciones, su potencial es considerable. Con más de 35 mil registros, el RENTOCA constituye una base de información relevante que puede contribuir tanto a mejorar los clasificadores existentes como a desarrollar una futura Cuenta Satélite de Cultura.
- Lo que sí sabemos: evidencias y sugerencias desde RENTOCA
Los datos del RENTOCA, sistematizados por iniciativas como Nodos Culturales, contribuyen a identificar patrones estructurales del trabajo cultural en el Perú:
- Multiempleo: El 16% de trabajadores registrados combina actividades culturales con otras ocupaciones en sectores como servicios, construcción o transporte.
- Dimensión étnica: el 32% declara identificarse como quechua, el 4% aymara, el 2.2% nativo o indígena de la Amazonía, y el 4.6% de otros grupos étnicos.
- Informalidad estructural: Solo el 25% declara tener una pensión, sea por su trabajo cultural u otro.
- Predominancia del arte tradicional: la ocupación más frecuente, entre más de 200 ocupaciones culturales, es la de artesano o artista tradicional (35%), siendo la mayoría de estas mujeres (82%). Esto exige mayor focalización y priorización de presupuesto en políticas como Ruraq Maki, así como articulación con el Ministerio de Comercio y Turismo, que también cuenta con políticas para este ámbito.
- Formación no formal: el 48% de los trabajadores aprendió mediante tradición familiar o comunitaria, y el 47% de manera autodidacta. Solo el 19% cuenta con educación formal. Esto sugiere la necesidad de implementar mecanismos de certificación de cualificaciones y competencias, de manera que estos trabajadores puedan fortalecer su perfil en mercados laborales nacionales e internacionales. Para ello se requiere coordinaciones con Ministerio de Trabajo y Educación.
- Conclusiones y recomendaciones
El Perú no carece de datos sobre cultura, carece de un sistema que permita integrarlos y comprenderlos. En los últimos años, el Perú ha avanzado en la generación de instrumentos para visibilizar el trabajo cultural. Sin embargo, estos esfuerzos no forman parte de una estrategia sostenida de información pública en coordinación con el Instituto Nacional de Estadísticas.
Las fuentes estadísticas tradicionales no capturan por sí solas su carácter híbrido, intermitente e informal: las mediciones a la fecha de la Cuenta Satélite se basa principalmente en empleo asalariado, ofreciendo una visión parcial. Si bien el primer paso es recolectar datos de calidad, se necesita transformar la manera en que clasificamos y entendemos el trabajo cultural. Esto -principalmente para el Ministerio de Cultura- implica:
- Elaborar un Marco Estadístico de la Cultura, que defina la composición de dominios y subdominios de la cultura para el Perú.
- Revisar y validar los clasificadores CIIU y CIUO para identificar las actividades y ocupaciones de la cultura que son transversales a otros sectores.
- Desarrollar una Cuenta Satélite de Cultura, en base al Marco Estadístico de la Cultura, y marco metodológico de CSC para el Perú.
- Integrar registros como el RENTOCA con encuestas y censos nacionales.
Sin estos cambios, el sector cultural seguirá siendo parcialmente invisible en la toma de decisiones públicas. En última instancia, los datos no lo son todo; pero sin datos completos y sin buenas categorías para interpretarlos, no hay política cultural posible
Notas
[2] Colombia – Cuenta Satélite de la Cultura: https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/cuentas-nacionales/cuentas-satelite/cuenta-satelite-de-cultura-en-colombia
[3] Argentina – Cuenta Satélite de la Cultura: https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-4-28-154
[4] Chile – Actualización Cuenta Satélite de la Cultura: https://observatorio.cultura.gob.cl/index.php/2026/02/19/actualizacion-metodologica-para-la-compilacion-de-una-cuenta-satelite-de-cultura-el-caso-de-chile/
Referencias
- CEPAL. (2021). La protección social de los trabajadores informales ante los impactos del COVID-19 | CEPAL. CEPAL. https://www.cepal.org/es/publicaciones/46753-la-proteccion-social-trabajadores-informales-impactos-covid-19
- Ministerio de Cultura del Perú. (2020). Cuantificando la Cultura, hacia la medición de la Cuenta Satélite de Cultura (CSC), año de medición 2015. https://www.infoartes.pe/posts/cuantificando-la-cultura-hacia-la-medicion-de-la-cuenta-satelite-de-cultura-csc-ano-de
- Ministerio de Cultura del Perú. (2023). Informe estadístico del Registro Nacional de Trabajadores y Organizaciones de la Cultura y las Artes—Primera fase. https://www.infoartes.pe/posts/informes-estadisticos-del-registro-nacional-de-trabajadores-y-organizaciones-de-la-cultura-y
- Ministerio de Cultura del Perú. (2024). El arte y la cultura en el Perú: Caracterización de las condiciones laborales y socioeconómicas de los trabajadores culturales y de las artes. https://www.gob.pe/institucion/cultura/informes-publicaciones/5951450-el-arte-y-la-cultura-en-el-peru-caracterizacion-de-las-condiciones-laborales-y-socioeconomicas-de-los-trabajadores-culturales-y-de-las-artes
- Ministerio de Cultura del Perú, Instituto Nacional de Estadística e Informática del Perú, Ministerio de Cultura de Colombia, Departamento Administrativo Nacional de Estadística de Colombia, Ministerio de Cultura y Patrimonio de Ecuador, Ministerio de Culturas y Turismo de Bolivia, & Instituto Nacional de Estadística de Bolivia. (2017). Mediciones Culturales: Elaboración e implementación de la Cuenta Satélite de Cultura CSC en los Países del Área Andina.
- Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile. (2025). Marco de Estadísticas Culturales (MEC) 2025. https://www.cultura.gob.cl/publicaciones/marco-de-estadisticas-culturales-mec-2025/
- Triguboff, M., Zanabria, J. M., Sasso, S., Cathles, A., Benzaquen, A., Bautista, M., Séligmann, J. N., Decuzzi, L., Cuenya, A. M., & Ribot, A. C. (2021). Evaluación del impacto del COVID-19 en las industrias culturales y creativas. IDB Publications. (América Latina). https://doi.org/10.18235/0004015
- UNESCO. (2009). Marco de estadísticas culturales (MEC) de la UNESCO 2009—UNESCO Biblioteca Digital. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000191063

Alejandra Zúñiga
Economista y analista cultural





